1/4 ESPÍRITU EMPRENDEDOR

¿Por qué hablamos de «espíritu emprendedor» y, sin embargo, nos referimos a la «mentalidad empresarial»? ¿A caso el empresario no es espiritual? Todos tendemos a relacionar al emprendedor con el pobre guerrero que tira adelante con su fuerza de voluntad y, en cambio, relacionamos al empresario con esa persona que posee mentalidad para los negocios, una mente a veces fría y calculadora. A menudo vemos al emprendedor como una persona más «progre», con un «look casual» y sin dinero en el bolsillo. Pero nos imaginamos al empresario como una persona seria, en traje y corbata, cargando un maletín lleno de billetes. Estas connotaciones que adquieren las palabras provocan que nos etiquetemos y, al encasillarnos, no desarrollamos el resto de habilidades minando así nuestra capacidad.

Y esto es por la negativa generalizada a enlazar crecimiento personal con desarrollo profesional, pero, señores y señoras, la espiritualidad y la ambición no están reñidas. Lo espiritual y lo material coexisten, aunque lo hagan en lucha constante. Se trata, por un lado, del ego, lo que nos define como personas (una autodefinición casi siempre infundada) y nos muestra el mundo que percibimos con nuestros sentidos creyendo que esa es la única realidad. Cual crío que se tapa los ojos para esconderse porque cree que no puedes verlo.Y por otro lado, el espíritu, nuestra esencia, lo que en realidad somos. Y lo que nos mantiene conectados con el universo. Si el universo es creador, nosotros también tenemos la capacidad de crear. Pero esta última parte es la que no vemos. Y como no somos capaces de percibirla con nuestros sentidos, decimos «yo no creo en estas cosas».

Tenemos dos caminos: uno, el del ego. Si nos dejamos llevar por él, por la etiqueta que tenemos colgada como emprendedores, nunca pasaremos a empresarios porque siempre asociaremos el mundo empresarial como el peligroso mundo de los negocios, un mundo material, movido por la ambición. Dos, el del espíritu. Cuando no permitimos que el ego nos domine y miramos más allá de los sentidos se abre un amplio abanico de posibilidades entre las cuales se encuentra el éxito. Con mentalidad emprendedora y espíritu empresarial nos comeremos el mundo. ¿Cómo conciliar mentalidad con espiritualidad? En el próximo artículo veremos las «leyes espirituales» aplicadas a los negocios.

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